Mientras el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y líderes del Congreso se preparaban para negociaciones sobre presupuesto e impuestos, demócratas y republicanos se atrincheraron en sus arraigadas y opuestas posiciones.
“Lo que no haremos es elevar las tasas de impuestos”, advirtió el líder republicano del Senado, Mitch McConnell.
Pero aumentar los impuestos a los ricos para ayudar a rebajar el déficit fue exactamente lo que Obama resaltó el pasado miércoles durante su primera conferencia  de prensa tras ganar la reelección. Solo 24 horas después, Jay Carney, portavoz de Obama argumentó, que el sentimiento público estaba firmemente detrás del presidente.
“Obama no firmará bajo ninguna circunstancia una extensión de los recortes de impuestos para 2% de estadounidenses de mayores ingresos”.
Con estas difíciles líneas de batalla. Obama se reúne hoy con los cuatro máximos líderes del Congreso por primera vez desde la elección del 6 de noviembre.
McConnell, el líder de la mayoría del Senado, Harry Reid, el presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, y la líder demócrata de la Cámara baja, Nancy Pelosi, conversarán con el presidente por alrededor de una hora en la Casa Blanca. “Vamos a ir a la mesa con buena fe y queremos que algo suceda”, dijo Pelosi a periodistas, agregando que “si nada ocurre, las consecuencias serán grandes”.
Aunque han señalado la necesidad de cooperación después de las elecciones, todas las señales apuntan a duras negociaciones sobre cómo evitar el denominado “abismo fiscal” que se iniciaría el 1 de enero.
Eso es cuando se dará un incremento de impuestos y un recorte de gastos por alrededor de 600 mil millones de dólares si el Congreso no puede decidir cómo reemplazarlos con medidas de recorte de déficit menos extremas.
En las negociaciones que estuvieron a punto de concretarse en un acuerdo en el 2011, Obama dijo que estaba dispuesto a hacer recortes considerables a los programas de salud pública como Medicare y Medicaid, provocando la indignación entre los grupos liberales. Mientras que Boehner habló de 800 mil millones de dólares en nuevas fuentes de recaudación, lo que disgustó a los conservadores.

Fuente: El Informador

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